Atletas desnudos, amor olímpico y 25 curiosidades niponas

El verano de 2021 no ha resultado como se esperaba para unos Juegos Olímpicos de 2020.

🇨🇿🇺🇸 Cuando el amor llega así, de esta manera…

…uno no tiene la culpa. Nos cuenta Javier Martín Galindo en elDiario.es que es fácil imaginar a Olga Fikotova y Hal Connolly lanzándose miradas furtivas, flirteando entre lanzamiento y lanzamiento, entre disco y martillo, contemplando uno las evoluciones del otro en la jaula de lanzamientos, quizás quedando para tomar un café más tarde en la Villa Olímpica, chapurreando diferentes idiomas para intentar entenderse. Es fácil imaginarlo conociendo lo que sucedió después, una historia de amor nacida al calor de la fraternidad olímpica, pero un romance en apariencia imposible, prohibido por los Capuletos y los Montescos de la Guerra Fría. ¿Cómo podía crecer la pasión en los años 50 entre dos atletas que se encontraban en lados opuestos del telón de acero?

Resultó que la mitad de camino entre la californiana Santa Mónica y Praga en aquel verano de 1956 se ubicó en Melbourne. Y el amor surgió entre Olga y Hall, como dos adolescentes. Lo que no les impidió ser unos triunfadores en aquellos juegos australianos.

Tras aquel flechazo, tuvieron que separarse. Pero su historia de amor tuvo final feliz, a la americana, cuando él volvió en una visita diplomática y se comprometieron a casarse. Algo que, finalmente, las autoridades checoslovacas aceptaron. Dicen que gracias a la mediación del atleta checo Emil Zàtopek, que aún no había sido purgado por apoyar la Primavera de Praga.

Como era de esperar, fue ella la que se trasladó a vivir a EEUU en matrimonio.


👙🥋 Inconvenientes y ventajas de la desnudez en unos Juegos modernos

Vemos a los futbolistas sacarse la camiseta -la elástica, como dirían más al sur- después de un golazo. Les suele suponer una cartulina amarilla, pero están dispuestos a pagar el precio. ¿Exhibicionismo de su musculatura? ¿Chulería? ¿Falta de respeto? Lo cierto es que lo hacen y es una imagen a la que estamos acostumbrados. Cierto es que entre el fútbol femenino no ha cundido el ejemplo, al más puro estilo efecto Guaraná.

La verdad es que los atletas de la antigua Grecia no disputaban sus enfrentamientos o ejercicios en pelotas desde siempre. Como nos cuenta en este reportaje la BBC en español, al parecer, a uno de ellos se le cayó el taparrabos y decidió seguir hasta el final de su carrera, triunfando y celebrándolo en todo su esplendor de piel desnuda. Aquello generó costumbre y, de ahí a practicar el deporte desnudos, un soplo.

En aquel tiempo, la desnudez devino en convertirse en síntoma de civilidad y de las buenas costumbres griegas.

Cuando los Juegos volvieron ya en la era moderna de la mano del Barón de Coubertin, ya lo del despelote no se consideraba ni elegante ni apropiado para una contienda deportiva. Bueno, ni para el desempeño de la vida en general.

Así que los atletas volvieron a participar cubiertos. Lo cual también resultó más cómodo y mejor para las marcas -también para las marcas de pertrechos deportivos, claro- al ofrecer menor resistencia al viento o al agua y más protección para el desarrollo de algunas prácticas atléticas.

No correr con aquello colgandero en la entrepierna o el pecho, es un plus.

Ahora bien: desnudos o desnudas no. Pero en estos juegos se ha puesto nuevamente en tela de juicio algunos de los uniformes. Especialmente en las modalidades femeninas de deportes como el voley. Y es que, a veces, es peor lo que se sugiere que lo que se muestra y, lo peor de todo, cuando se diferencia por sexos. A ver si los chicos van a ser los que compiten de verdad y ellas las guapas que embellecen los juegos mostrando nalga.

Como nudista convencido, en este ámbito del deporte de élite, las ventajas que le veo a la desnudez tienden a cero.


🇯🇵🍣 ¡Mira que está lejos Japón! 25 curiosidades sobre el país del sol naciente

En un especial como este, con Japón en el centro, no podía faltar el clásico de los clicks, como son las listas. En este artículo del incombustible Paco Nadal en El País, nos encontramos con algunos asuntillos que yo ya le había oído a mi hermana después de su exhaustivo viaje por el país del sushi. Por ejemplo, que en Tokyo no puedes comprar un coche si no demuestras que dispones de una plaza de aparcamiento. Es más, algunas empresas prohíben que vayas a trabajar en coche. Y entre una cosa y la otra, la capital tiene una de las tasas más bajas de personas propietarias de turismos.

No se puede fumar en la calle, pero sí en bares y restaurantes (el mundo al revés). Por otro lado, no son bien vistos los gestos de cariño en la calle, pero tienen la industria del sexo más potente del planeta.

Se suele aparcar dejando medio metro entre coche y coche. Si no hay ese espacio, no se aparca. Nada del ejercicio de aparcar de oído, tan común en el mundo latino.

En fin, múltiples costumbres extrañas que podrás descubrir leyendo el artículo enlazado. Aunque nada de contar con cómo matan a los delfines o su afán por seguir cazando ballenas más allá de los tratados internacionales. Estamos de Juegos y hay que mostrar lo bueno, no las vergüenzas, lo que nos lleva, como en un bucle, a lo de los atletas compitiendo desnudos.


📖 El euskara en mil palabras

¿Os preguntáis si el japonés y la lengua vasca tienen alguna conexión? No deberíais dejar de clicar en este enlace a un documento brevísimo, escaneado y publicado por Euskaltzaindia-Academia de la Lengua Vasca, escrito por un intelectual clásico del euskara como el Padre Resurrección María de Azkue en el que cuenta cosas de las que, de verdad, sorprenden inesperadamente.


🔚 Epílogo

Como habéis podido observar, algunas personas incluso la semana pasada, hemos abandonado Revue. Podría quejarme de cómo ha ido fallando algunas semanas con algunos envíos. Y cómo falló la semana pasada con, al menos, las direcciones de iCloud. Pero debo agradecer a la plataforma la forma tan sencilla que me ofreció para empezar. Podría decirse que se juntaron la influencia de Emilcar, que hoy cumple años, (Zorionak Emilio), la de Carmela García Doval, la existencia de Revue y mis renacidas ganas de escribir. Sin Revue no hubiera sido posible. Pero creo que todas y todos vamos a dar gracias por nuestro paso a Substack, la plataforma que ahora nos acoge. Ya me diréis si os gusta. En balaextra.com tenéis todos los medios de contacto o bien me lo podéis señalar marcando el corazoncito que acompaña este envío. O dejando un comentario en el botón de color naranja, debajo de esta linea.

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📸 La foto

No creo haberlo contado nunca. Pero las fotos que van en esta sección siempre tienen mi autoría y, normalmente, están disparadas la misma semana en que escribo La Nius. Esta semana no podía ser de otra manera. El azar puso delante de mi objetivo una pequeña colección de cartas con más de 25 años de antigüedad. Son de Dragon Ball y vienen al pelo para este número temático.