Apple TV+, Apple One, DuckDuckGo y una marisma en Bakio

Actualizaciones personales para hablar del mundo que me rodea

Algo pasa con Apple TV+ 📺

Cuando a finales de octubre de 2019 me compré mi iPhone 11 pro en ese verde, creo que verde musgo, que tan bonito le sentaba y le sienta al que seguirá siendo mi teléfono, al menos un par de años más, cambio de batería mediante, accedí a un año gratis de Apple TV+ recién nacida o que nació después. Ahora no recuerdo bien los tiempos y no necesito esa exactitud.

Tras ese año (en febrero de 2021, lo que me hace pensar que no fue hasta febrero del 2019 que nació la plataforma de TV de la manzana mordida), ese período gratuito fue ampliado por Apple hasta junio o julio de este 2021. Y ahí me bajé de la suscripción. For all mankind, The morning show y alguna otra cosita (sin duda la temporada 1 de Ted Lasso, una serie que, por la estética y temática que había visto previamente, jamás hubiera visto, si no fuera por la escasez manifiesta de contenido de la plataforma). Eso salvaba la experiencia de una plataforma en la que había puesto muchas expectativas y que solo tenía una salvación: había sido gratis.

Así que tras el año y medio gratis, la abandoné. Sin embargo, con el asunto Apple One, decidí que juntar en una misma suscripción la música (volviendo a una Apple Music familiar, que no tiene la interfaz que me gustaría, aunque a todo te acostumbras), el almacenamiento (pasando de 50 a 200 gigas en iCloud y poderlos compartir con la familia), por solo 3 euros más que la suma de Spotify y el iCloud de 50 gigas, merecía la pena. Sobre todo si sumaba “esa” plataforma de TV que había abandonado y que volvía a estrenar Ted Lasso en su segunda temporada. Luego está Arcade, que ya tal y Fitness+ que seguro que será mejor que un gimnasio (modo ironía on).

Ahora me encuentro que ni mi suscripción a Filmin, ni mi suscripción a Movistar+ Lite, ni mi suscripción prestada a HBO y, mucho menos, mi suscripción a Prime Vídeo, están ocupando nada de mi tiempo. La batería de estrenos de la plataforma de TV de Tim, me tiene enganchado a buenas historias. La segunda temporada de The Morning Show, la segunda de Ted Lasso, el estreno esperadísimo de Fundación y, sobre todo, la pequeña historia de Mr Corman, un ciudadano angelino aterido por el miedo en general y su ansiedad ante la pandemia; que convive con su compañero de piso, repartidos de UPS; que da clases a sus alumnos y alumnas por Zoom; que se enamora por vídeo y que intenta acabar su canción, después de haber abandonado a su grupo, medio minuto antes de que su éxito explotara.

Algo está pasando con Apple TV+ o, simplemente se han visto abocados a salir con todo en este comienzo de curso.


Mis datos, mi privacidad, again 😎

Otra vez. Segundo intento. Esta vez más en serio, creo. Después de escuchar el episodio de hace un par de semanas de Días Extraños (hacía mucho que no transitaba ese podcast por razones varias, siendo la principal su carácter conspiranoico y otra principal que me lo tengo que descargar en la computadora para luego cargármelo a los uploads de Overcast -sí, he vuelto al podcatcher con el mejor sonido de todo iOS), me decidí a no rozar Google ni con un palo largo.

Traer a mi vida tecnológica un OnePlus Nord hace casi un año, fue divertido. Lo llegué a usar como teléfono en horas de trabajo usando dos sims y esas cosas. Pero Google volvió a atraparme, pero con menos fuerza. Sin embargo, con la suficiente para seguir explotando mis datos en compañía de otros. En el episodio de Santi Camacho escuché a una autora, creo que mexicana -estos podcasts siempre los escucho entre sueños- hablar de su libro sobre la maldad con la que nuestros datos son usados para reventar el mercado mundial de la publicidad y, de paso, el espíritu fundacional de Alphabet.

Dicho y hecho. Como podrás escuchar en el episodio de mañana lunes de Bala Extra, de forma más sencilla que nunca, exporté mis eventos de calendario de Google y mis contactos. Y todo ello fue al calendario de iCloud y a sus contactos. Apenas media hora, o menos.

Lo siguiente fue eliminar como motor de búsqueda Google en todos mis dispositivos (hace años que no uso Chrome). Para Safari opté por DuckDuckGo. Buscador híbrido, con una importante base en Yahoo, que no busca igual de bien, pero tampoco guarda tus datos ni los comparte con terceros. En mi navegador basado en Chromium -siempre conviene tener uno instalado por aquello de los servicios o webs que van mejor en Chrome- he dejado su buscador por defecto. Se trata de Edge y Bing respectivamente.

Y para navegar con el coche o paseando por una ciudad desconocida: Mapas de Apple, muy inferior a Google Maps, pero es lo que hay. Todo tiene un precio. Para el coche, nada de Waze, propiedad de Google. Ya no me fío y no quiero cordones invisibles uniéndome a la gran G.

Here We Go es el elegido. Jordi me habló bien de él. Lo conocía de antes y ha mejorado mucho, empezando por su interfaz. Instalado queda.

Lo demás fue eliminar algunas, pocas, fotos que en estos dos años se habían vuelto a quedar en Google Photos, y derivar mi cuenta de gmail que apenas uso a uno de mis alias en iCloud. Y colocar un mensaje de advertencia que se responderá automáticamente a quien me escriba a esa cuenta, advirtiendo de que en un tiempo suspenderé la cuenta.

Entrar en mi actividad de Google y borrar mis datos que guardaba desde el principio de los tiempos -localizaciones, navegaciones, suscripciones de YouTube, etc-. Todo borrado. Y todo marcado para que no sea acumulado. Aunque poco podrá juntar Google ante mi huída, pero nunca se sabe hasta donde llegan sus tentáculos.

Me digo a mi mismo: “te tragarás los inconvenientes. Esta vez va en serio”.


La marisma de Bakio

(Artículo in memoriam Mar Menor)

El viernes en la tarde noche asistí a una conferencia sobre el proyecto de marisma y bosque inundable para Bakio, municipio turístico de la costa vizcaína, al que sabéis que estoy muy unido por algo así como unos lazos familiares. Pudimos ver el proyecto de Paola Sangali y asociados. Mientras nos intentaba explicar la necesidad de crear zonas inundables en el río Estepona (luego dirán que los vascos y tal. El río Estepona desembocando en el Cantábrico), antes de su desembocadura en la playa de Bakio, megaconstruída en los años del franquismo y en los de gobierno de PNV, metido entramas que han acabado en los juzgados y con el partido del País perdiendo una alcaldía emblemática (la mitad de los jerifaltes del PNV de Bizkaia, veranean en él) a manos de una frágil, moderada y sorprendentemente joven alcaldesa de EH Bildu, apoyada por una plataforma vecinal.

Es interesante como la ciencia se acerca a las soluciones a años de degradación urbanística de un espacio que debería ser una mini reserva de la biosfera de Urdaibai, cuya densidad constructiva a convertido en una preciosa playa llena de edificios, con un río encauzado a la antigua que, en ciclos de 100 y 500 años está llamado a arrasar el pueblo, cuando se junten una pleamar y fenómenos tormentosos adversos graves.

Algunos vecinos se quejaron porque el bosque inundable y la pequeña marisma interior, llamadas a atraer fauna y flora y evitar los impactos más graves de una inundación en las casas, les quitarán espacio donde pasear. ¿Dónde quedarán las zonas verdes?, se llegó a preguntar. Como si una marisma fuera una autopista o una refinería de Petronor. El negacionismo del cambio climático nos hace pensar en que un pueblo con miles de hectáreas de monte, no tiene zonas verdes donde pasear con un perro, porque se van a crear marismas donde siempre debió haber…marismas.

El euskara en mil palabras 📖

Izorra zaitzatela, Google. A ver si adivináis qué significa literalmente esto. Es literal. Posiblemente no sea la forma correcta de decir Fuck you, Google.


Epílogo 🔚

Un solo enlace. No me cabe duda de que esta Niusleter es cada día más como yo. Caótica y a su bola. Te gustará o la odiarás profundamente. Por el momento no me quejo. Las bajas que ha habido se han ido (al menos casi) todas buscando la suscripción a través de Stoopinbox. Espero que lo estéis disfrutando.


La foto 📷

Esta semana hay foto. Pero no está aquí. He vuelto a la Sony Alpha semiprofesional de 2008 que tantas satisfacciones me dio. Con su óptica nueva, apenas usada (la compré para no vender la cámara…porque la iba a usar más). Tengo que empezar a pasar sus fotos al Mac. Veréis cómo las fotos de un gran teléfono fotógrafo, como mi 11 pro, nunca pueden igualar a una cámara de verdad. Tened paciencia. Merecerá la pena.